La historia de Godo

Soy Godofredo Valero os voy a contar lo poco que recuerdo sobre mi experiencia:

El pasado 7 de Marzo, por la tarde, me llamó mi mujer. Yo no la oía bien y parece ser que mi contestación fue peor. Preocupada, pidió permiso a su jefe para acudir a ayudarme, pero éste se lo denegó. No se rindió, sino que llamó a una amiga suya, que es médica de familia y vive a dos portales de mi casa. Me llamó al telefonillo y, a pesar de las dificultades  que tenía para expresarme y todo eso, cogí mi SIP y mis medicinas y bajé a la calle. Allí me encontré conque había parado un taxi. Subimos y me llevó a Urgencias del Hospital Clínico.

En unos ocho minutos ya me estaban viendo varios médicos y estaba enganchado a los goteros y con vías por todos lados.

Ya en Urgencias, entregó mi documentación y le dijeron que esperara, a lo que ella responde que “esperar se espera por un brazo roto, pero este hombre se está muriendo”. Entramos y, al primer médico que vio, lo cogió del brazo y le informó del caso, así de las constantes vitales que me había tomado. En unos ocho minutos ya me estaban viendo varios médicos y estaba enganchado a los goteros y con vías por todos lados.

Estuve dos días en Urgencias y, al tercero, me subieron a una especie de UVI, con dos enfermeras para cuatro pacientes las 24 horas del día. Allí me trataron muy bien. Volvía a estar más lúcido y las enfermeras me hicieron movimientos de brazos y piernas. Gracias a Dios, el ictus había repercutido muy poco en la tracción motora y solo en la pierna derecha.

Al tercer día me dejaron levantarme para poder ir al baño, aunque acompañado y a la semana comenzaron a explicarme lo que me había pasado. En total, estuve 8 días en la UVI y luego me pasaron a planta 23 días más, tras los que recibí el alta.

Lo siguiente, la visita a la neuróloga de Consultas Externas a la semana de salir del hospital, fue un desastre. Se pasó por el forro la medicación con la que me estaban tratando desde Traumatología y Psiquiatría y me derrumbe a los pocos días, pues los opiáceos no se pueden dejar de un día para otro. El siguiente paso fue visitar a mi médica de cabecera para que me regulara la medicación y pedir el cambio de neurólogo, lo cual he conseguido.

A partir de ahí comencé a buscar centros de rehabilitación asequibles y fue cuando encontré el IVANN, donde me atendió José Mazón, con el que estamos muy contentos. Es un tío muy majo y, aunque sé que esto es lento, con el tiempo y una caña, pescaremos.  

Un comentario en “La historia de Godo”

  1. Recomiendo intensamente la lectura del libro «el daño cerebral invisible» escrito magistralmente por Dña. Aurora Lassetta Atienza, psicóloga clínica, que sufrió como yo un tremendo accidente de tráfico que le produjo un importante traumatismo cráneoencefálico, además de múltiples fracturas. Inevitablemente el daño cerebral adquirido produce en mayor o menor medida secuelas mentales y psicológicas en el que lo sufre, pero, además y sin ningún género de dudas, afecta directamente la vida de toda la familia. En este estado de cosas es muy importante tener pleno conocimiento del daño que sufre todo el grupo, las «cicatrices invisibles» como las denomina la autora desde su experiencia, para así, poder ayudar a todos a ayudar a los demás y a ayudarse así mismo.

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